Muchos desearán tener lo que tu tienes sin haber pagado el precio. ¿Cuál? Dedicación.
Una carrera, por ejemplo, implica una preparación, una inversión de tiempo prolongado, un camino y una meta a largo plazo. La pereza de este siglo, la poca paciencia para ser constante y una ineficaz toma de decisiones a diario por tanta distracción, hace ver cómo luego, no se pueden quejar.
Si uno quiere una gran cosecha, debe estar dispuesto a cierta dedicación y a cierto sacrificio y es lo justo, para quienes quieren un gran regalo o recompensa. A lo fácil tiene acceso todo el mundo... La cosa es lo que vale la pena de verdad. Ahí, el reto cambia.
No se puede tener el cielo sin haber movido un dedo. Vivimos en la época de la inmediatez y de lo rápido y es una pena que se pierda lo más bonito de nuestras generaciones pasadas: el cocido a fuego lento.
A veces, parece, que haya que ir al rescate de valores pasados que si no se recuerdan, se olvidan y mueren.