Cuanta más concentrada está una persona, más tranquila y feliz vive. En el momento que cedes a la distracción, abres la puerta a la inquietud, a la ira o al miedo.
No se trata de no escuchar al prójimo, sino de escuchar y elegir qué permites atender y qué no. Es en esa elección donde eliges mantener tu serenidad o entras al trapo de la desconcentración y del mal humor.
El detalle de decidir una cosa u otra es lo que marca la diferencia entre vivir bien o vivir en las mareas emocionales de otras personas.
¿Cómo se trabaja la concentración? A base de caos. Ese es el mayor maestro. Cuanto más ruido tienes alrededor, más aprendes a escuchar tu silencio y es en ese encuentro, donde la paz emerge.
Esta tienda abrió desde el amor propio, porque si uno no se trabaja a sí mismo, es imposible que de lo mejor a los demás. Solo se puede cuidar y mimar bien a quienes amas así, desde dentro. Y son los detalles, los que pueden revolucionar y mejorar ese mundo interno.
Elige solo el buen detalle.